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Publicado el 28-07-2014

BLOG / Cómo perder más kilos haciendo menos deporte, según la ciencia

Hacer ejercicio duro no es la forma mágica para quemar grasa. El deporte ha de hacerse de forma sensata y acompañándose de otros hábitos saludables.



Esas son las conclusiones que pueden obtenerse de un estudio realizado por la Universidad de Copenhague y encabezado por M. Rosenkilde (profesora e investigadora en el área de ciencias de la salud de dicha universidad). En el citado estudio se tomó como objeto del ensayo a 61 jóvenes, de entre 20 y 30 años, con algo de sobrepeso pero sin llegar a tener problemas de obesidad.

La totalidad de la muestra, elegida aleatoriamente, se dividió en tres grupos. La razón que llevó a esta segmentación fue ver la evolución real del cuerpo ante diferentes prácticas de deporte. Por este motivo, un grupo de 18 participantes mantuvo su sedentaria vida habitual, otro de 21 personas tuvo que practicar ejercicio aeróbico moderado durante media hora (o la quema de 300 Kilocalorías) y el último de 22 personas desarrolló una actividad física más elevada al realizar ejercicio durante una hora (o 600 kilocalorías).

Resultados sorprendentes

Tras 13 semanas, que fue la duración total de este ensayo, se procedió a ver la diferencia de masa que experimentaban los diferentes participantes del estudio. Como era de esperar, en aquellos integrantes del grupo que siguió con normalidad su rutina, apenas cambió su estado físico. Sin embargo, la sorpresa llegó al ver y comparar los resultados de los grupos que realizaron una actividad media y alta.


Por lógica, los dos conjuntos física consiguieron perder peso al elevar su actividad , pero los datos fueron mejores en aquellos que realizaron la actividad física más calmada ya que consiguieron que bajara su peso 3'6 kilogramos, mientras que los más activos solo 2'7. Por otro lado, la disminución de grasa también obtuvo mejores resultados para los que quemaron solo 300 kilocalorías, aunque en este caso las cifras fueron más parejas (4 kilogramos respecto a los 3'8 del otro grupo).

Por último, respecto al balance energético, las diferencias fueron excepcionalmente llamativas. Partiendo de la base de que tener un balance energético negativo significa que el consumo de energía es inferior al gasto realizado, la conclusión es impactante: los casos de aquellos sujetos que realizaron una actividad más exigente tuvieron unas cifras un 20 % menos negativas de lo esperado, mientras que los datos del otro grupo fueron un 83 % más negativos de lo previsto.

Los impulsores de este estudio universitario, al encontrarse con estos resultados no han sido capaces de dar una respuesta científica concluyente que explique el porqué de estos efectos, pero creen que el principal motivo por el que ha sido así, no es por la propia actividad física en sí misma, sino por el desarrollo del resto del día.

Mejor la calidad que la cantidad

Hacer una actividad física muy exigente provoca un mayor gasto, sí. Pero también más cansancio y hambre, por lo que probablemente el resto de su jornada fuese más sedentaria y su alimentación mucho más copiosa. Mientras, los que han practicado deporte de forma más precavida no han estado tan fatigados y hambrientos, y posiblemente su dinámica e ingesta de alimentos hayan sido mejores.

A la hora de iniciar un cambio de rutina para intentar una mejora en el aspecto físico, y a tenor de este estudio danés, aquellas personas que tienen unos kilos de más no deberían obsesionarse tanto por realizar una actividad física muy exigente, sino centrarse en llevar unos hábitos de vida más saludables que se complementen con una sesión deportiva razonable. Ya que en definitiva, una vida sana no solo la compone la práctica de ejercicio.

 

Fuente: elconfidencial.com