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Publicado el 28-02-2015

BLOG / Estreñimiento Causas, síntomas y tratamiento

Una dieta pobre en fibra, un escaso consumo de líquidos, el embarazo, el estrés, el sedentarismo… Todos estos factores pueden provocar estreñimiento, un trastorno muy molesto que te enseñamos cómo evitar.

¿Qué es el estreñimiento?

El estreñimiento es un retraso del vaciado intestinal, con pocas heces y duras, debido a un enlentecimiento del tránsito intestinal (peristaltismo intestinal). Se caracteriza por la presencia de flatulencia (gases) y, en determinados casos, dolor abdominal. El estreñimiento es una incapacidad puntual para evacuar el contenido intestinal tras 10 minutos de esfuerzo, o la ausencia de deposiciones durante 3 días o más.


Tipos de estreñimiento

Existen principalmente 3 tipos de estreñimiento:

  • Estreñimiento agudo: de aparición repentina, ocasionado por algún cambio reciente (un nuevo tratamiento médico, problemas de estrés, embarazo,...), y que finaliza al solucionar el agente causal. No suele precisar tratamiento porque desaparece una vez controlado el agente causal, sin recaídas posteriores. Es el tipo más frecuente de estreñimiento en la población infantil.
  • Estreñimiento crónico: origen definido y lejano en el tiempo, con recaídas frecuentes. Suele ser habitual en adultos y ancianos.
  • Estreñimiento idiopático: origen desconocido y tratamiento poco determinado, con eficacia comprometida.


Causas del estreñimiento

Las causas del estreñimiento son muy variadas, por lo que esta afección precisa el seguimiento de un profesional sanitario para determinar el tratamiento más adecuado en cada caso concreto, y evitar un empeoramiento de la enfermedad, o la aparición de efectos secundarios por mal uso del tratamiento.

Las principales causas son:

 

  • Estilo de vida inadecuado, caracterizado por:
  • Estrés.
  • Dieta pobre en fibra y líquidos; especialmente agua, pues las bebidas con gas o cafeína (café, té...) pueden provocar alteraciones del tránsito intestinal.
  • Poco o ningún ejercicio físico. No es necesario realizar un ejercicio intenso y prolongado para prevenir el estreñimiento, basta con 20-30 minutos de paseo a ritmo normal para favorecer unos adecuados hábitos intestinales.
  • Presencia de ciertas afecciones relacionadas con el intestino como: engrosamiento de la pared intestinal, inflamación, presencia tumoral, síndrome de intestino irritable... Si el estreñimiento es debido a alguna de estas causas, no se debe iniciar ningún tratamiento sin consultar con un médico, pues el uso de laxantes naturales o medicamentos podría enmascarar la enfermedad y agravarla.
  • Hipotiroidismo o diabetes. En estos casos, el estreñimiento aparece como un síntoma de estas enfermedades que no están directamente relacionadas con el intestino, o bien se manifiesta como efecto secundario de algún medicamento. Es conveniente acudir al especialista que esté realizando el seguimiento de la diabetes o hipotiroidismo, para que estudie y valore el problema.
  • Embarazo.
  • Senectud.
  • Uso de ciertos medicamentos.


Tratamiento no farmacológico del estreñimiento

En el caso de que el estreñimiento venga determinado por estilos de vida inadecuados, antes de iniciar cualquier tratamiento farmacológico, es recomendable adoptar una serie de medidas (no farmacológicas) encaminadas a solucionar el problema de estreñimiento y prevenir futuros episodios, como son:

 

  • Controlar el estrés: diariamente se producen situaciones en el trabajo, la casa, las relaciones familiares y sociales... en las que resulta difícil controlar el nivel de estrés, pero se pueden introducir pequeños cambios en la vida cotidiana para facilitar la labor del intestino. Es muy importante establecer unos horarios regulares de comidas, dormir lo suficiente, y distribuir el tiempo disponible para, en la medida de lo posible, evitar las prisas y los agobios al llevar a cabo las tareas diarias.
  • Aumentar el consumo de líquidos: lo recomendable sería consumir al menos dos litros de agua al día (ocho vasos), aunque se puede sustituir una pequeña cantidad de agua por otros líquidos como zumos naturales de naranja o jugo de manzana (son buenos laxantes), etcétera, sin olvidar que el agua es la única bebida que no aporta calorías. Es importante evitar o, al menos, reducir, el consumo de bebidas con gas, refrescos, café, té y bebidas con alcohol.
  • Realizar ejercicio suave a diario: establecer una rutina diaria de 20-30 minutos de paseo a un ritmo normal puede lograr una mejoría del estreñimiento.
  • Seguir unos buenos hábitos regulares de vaciado intestinal: el intestino, al igual que otros órganos del cuerpo, puede y debe ser acostumbrado a determinados hábitos. No se deben reprimir las ganas de acudir al baño, y es conveniente acostumbrarse a defecar más o menos a la misma hora. Para conseguir este objetivo, al principio será preciso ir al baño sin ganas pero, progresivamente, el intestino adquirirá el hábito de trabajar a esa hora.
  • Aumentar la ingesta de fibra: está demostrado que un escaso aporte de fibra en la dieta diaria es una de las principales causas de estreñimiento en un alto porcentaje de la población. La fibra está presente en la composición de muchos alimentos, y sus efectos principales son:
  • Mantiene niveles normales y saludables de colesterol y triglicéridos, reduciendo los niveles sanguíneos de triglicéridos, colesterol y LDL-colesterol (relacionados directamente con el riesgo cardiovascular y, consecuentemente, perjudiciales), y mejora los niveles de HDL-colesterol (relacionado inversamente con el riesgo cardiovascular).
  • Contribuye a la moderación de los niveles de glucosa.
  • Ayuda a mantener la regularidad del ritmo intestinal.
  • Produce un aumento de la frecuencia y volumen fecal.
  • Previene la atrofia de la mucosa intestinal.
  • Facilita el aumento de Bifidobacterium. (Efecto pre-biótico positivo).
  • Previene la acumulación de grasas.
  • No origina problemas relacionados con el exceso de gas intestinal: la fermentación lenta no produce flatulencias.

Tipos de fibra y recomendaciones diarias de ingesta

De acuerdo con su grado de solubilidad en agua, la fibra se clasifica en:

 

  • Fibra soluble: incluye pectinas, gomas, mucílagos, y algunas hemicelulosas. Las pectinas se encuentran principalmente en frutas y verduras, en especial en manzana, naranja y zanahoria. Otra forma de fibra soluble se encuentra en las hojuelas de salvado, avena, cebada, y en leguminosas como judía, lenteja y haba. La influencia de esta fibra en el tubo digestivo se relaciona con su capacidad para retener agua y formar geles.
  • Fibra insoluble: este tipo de fibra incluye principalmente a la celulosa, la lignina y algunas hemicelulosas. Los alimentos que contienen la mayor cantidad de esta fibra son los cereales integrales, como las capas de salvado de los granos como el trigo.

De acuerdo a distintos organismos oficiales, y avalado por varios estudios científicos, las recomendaciones diarias de fibra son:

 

  • Adultos: a partir de los 18 años, las recomendaciones son de 20-35 g/día, variando en función de la situación fisiológica; así, la mujer gestante precisará un aporte superior de fibra debido a la tendencia al estreñimiento durante el embarazo. Lo mismo ocurre con los ancianos, en los que es recomendable un aporte elevado de fibra y un aumento de la ingesta de líquidos, debido al enlentecimiento intestinal que se produce en esta etapa de la vida.
  • Niños y adolescentes: las recomendaciones en estos pacientes son variadas, al no existir una pauta determinada. Por lo general se ha aceptado, y se adapta más o menos a las recomendaciones de cada organismo oficial, un aporte de fibra en los niños siguiendo la siguiente regla: aporte de fibra = edad del niño + 5g como aporte mínimo diario y edad + 10g como aporte máximo. No obstante, las necesidades de fibra, sobre todo a partir de los 9 años, no es igual en niños que en niñas. La siguiente tabla, diseñada por la Asociación Americana del Corazón, resume las necesidades de fibra en función de la edad y sexo del niño, aunque estas recomendaciones son orientativas y siempre primará el consejo del médico.

 


Tratamiento farmacológico del estreñimiento

En el caso de que las variaciones introducidas a nivel nutricional no hayan logrado el objetivo deseado, se puede recurrir al uso de laxantes como ayuda externa al problema de estreñimiento.

Los laxantes son agentes que, a través de distintos mecanismos, logran un aumento del bolo fecal (laxantes mecánicos) y/o facilitan el vaciado intestinal, al aumentar el peristaltismo del intestino grueso (laxantes de contacto o irritantes).

Los laxantes son siempre de uso puntual, una vez descartado que el origen del estreñimiento esté asociado a alguna patología grave. Además, no es conveniente que se usen más de siete días consecutivos en el caso de los laxantes naturales, pues pueden ocasionar diarrea, además de que el empleo constante de laxantes provoca una habituación a nivel intestinal, que a la larga ocasiona un problema muy superior de estreñimiento al que se pretendía corregir inicialmente.
Laxantes de contacto

Actúan provocando una pequeña irritación a nivel intestinal que conlleva, de forma refleja, un aumento de la movilidad intestinal que facilita la expulsión del bolo fecal. Hacen efecto con rapidez (aproximadamente en un par de horas). Debido a que su mecanismo de acción se basa en la irritación intestinal, aunque dicha irritación sea muy leve, no se recomienda su uso prolongado (no más de 7 días), siendo preciso intercalar periodos de descanso; en caso contrario, puede aparecer tolerancia (se necesita aumentar la dosis para obtener el mismo resultado), dependencia (el intestino se acostumbra a la presencia de estos laxantes y, en caso de suspender su administración, se desarrolla un problema de estreñimiento grave) y, en casos excepcionales, pueden originar diarrea crónica, con dolor abdominal. Los principales son:

  • Ruibarbo (Rheum palmatum): se aprovechan la raíz y el rizoma.
  • Sen (Cassia senna y Cassia angustifolia): se usan las hojas.
  • Frángula (Rhamnus frángula): se utiliza la corteza pulverizada.
  • Cáscara sagrada (Rhamnus purshiana): al igual que en el caso de la frángula, se emplea la corteza pulverizada.
  • Aloe (Aloe vera, Aloe barbadensis y Aloe ferox): se emplea un jugo obtenido de las hojas.
  • Ricino (Ricinus comunis): se utiliza el aceite obtenido de la extrusión de las semillas (machacado de las semillas). Este aceite es muy rico en ácido ricinoleico y derivados del ácido isoricinoleico. Es el único de los laxantes de contacto que actúa a nivel del intestino delgado, y no del intestino grueso, como los anteriores.

Laxantes mecánicos

En su composición se incluyen unas sustancias con gran capacidad de hinchamiento en contacto con el agua del intestino, lo que provoca un aumento de su masa y, con ello, un aumento de la masa del bolo fecal. Al aumentar en volumen el bolo fecal se produce presión sobre las paredes intestinales, con la consiguiente distensión abdominal (sensación de saciedad), y estimulación refleja de la mucosa intestinal. Esta estimulación provoca un aumento del peristaltismo intestinal (motilidad intestinal) y, finalmente, la expulsión del bolo fecal. Gracias a que adsorben agua, al deslizarse a lo largo del intestino dejan una película de gel sobre la mucosa intestinal que, además de facilitar la expulsión de la masa intestinal, tiene un efecto protector sobre esta.

Estos laxantes son de elección en el caso de que el problema de estreñimiento venga acompañado de dolor al realizar el esfuerzo de defecación (hemorroides, fisura anal,...). No obstante, hay que tener en cuenta que el uso de estos laxantes precisa un aumento en la ingesta diaria de agua, para que puedan hincharse y llevar a cabo su función, en caso contrario adsorben el agua presente en el intestino grueso y resecan la masa intestinal, lo que agrava el problema de estreñimiento.

El efecto de estos laxantes suele aparecer a las 12-24 horas de la toma del producto, con una intensidad leve a moderada. En caso de estreñimiento crónico pueden ser precisas algunas semanas de tratamiento para lograr el efecto deseado de forma regular.

Además de efecto laxante tienen un efecto saciante, al favorecer la sensación de llenado por aumento de masa del estómago y, al adsorber el agua intestinal, pueden ser empleados igualmente en caso de diarrea, para eliminar el exceso de líquido intestinal (reguladores intestinales), aunque solo deben usarse en casos muy excepcionales para esta patología, y nunca asociados a un antidiarreico.

No obstante, estos laxantes no deben ser empleados sin un consejo profesional previo del médico o farmacéutico dado que, junto con el agua y otros elementos, pueden adsorber parte de la dosis de otros medicamentos que tome el paciente, y la capa de gel creada en el intestino puede dificultar su absorción.

Este grupo de laxantes engloban:

  • Distintas familias de algas: Ricas en ácido algínico (algas pardas de la familia Fucus, Laminaria y Macrocistys, de los que se usa el talo del alga) o en carragenatos (principalmente Chondrus crispus). Las algas son ricas en yodo, así que hay que tener precaución en el caso de padecer problemas de tiroides.
  • Ispágula (Plantago ovata): Se emplean sus semillas.
  • Zaragatona (Plantago psyllium): Al igual que la Ispágula se utilizan las semillas.
  • Llantenes (Plantago mallor y Plantago lanceolata): A diferencia de las anteriores, se necesita toda la parte aérea de la planta (tallos, flores y hojas).
  • Lino (Linum usitatissium): Se usan las semillas.
  • Malva (Malva sylvestris): Se aprovechan sus flores y hojas.
  • Altea (Althea officinalis): Se utilizan las raíces.

La pauta recomendada para el tratamiento fitoterapéutico (con plantas) del estreñimiento, que no ha remitido con un adecuado tratamiento dietético y la modificación de hábitos diarios, es:

  • Se aconseja uso de laxante mecánico.
  • Si falla se deben emplear laxantes de contacto
  • En último término, habría que valorar la alternancia de laxantes de contacto con laxantes mecánicos.

Además de los laxantes naturales descritos, existen en el mercado otros laxantes, de efectividad igual o superior, pero con mayor riesgo de producir efectos secundarios por su mayor agresividad hacia el tracto intestinal, lo que exige que su uso sea puntual y solo en aquellos casos en los que otros laxantes no hayan sido efectivos, o en casos de urgencia (enemas). Son siempre de consejo y seguimiento profesional, por su alto riesgo de tolerancia y dependencia:


Laxantes emolientes

Parafina: se emplea como tratamiento y prevención de estreñimiento en pacientes que no puedan realizar esfuerzos intensos de defecación (hemorroides, fisuras anales, posparto...). Debe ser utilizado en periodos cortos, regulando la dosis a una toma cada 2-3 días. Aunque no se absorbe a nivel gástrico, puede facilitar la absorción de otros productos administrados a la vez, y puede provocar una falta de vitaminas liposolubles (A, D, K, E). No se debe administrar a niños menores de 6 años, ni a pacientes encamados o con problemas para tragar.

Laxantes estimulantes

Son muy efectivos, pero muy irritantes para la mucosa intestinal. Uso puntual.

Bisacodilo: vía oral y rectal.
Picosulfato sódico: riesgo de alergia.

Laxantes osmóticos

Buen perfil de eficacia y seguridad. Pueden ocasionar molestias gastrointestinales no graves y flatulencia. Una dosis excesiva puede provocar diarrea.

Lactulosa.
Lactitol.

Laxantes rectales

Son los supositorios y enemas. Riesgo de daño rectal por la acción irritante del propio medicamento, o durante su aplicación. Son de uso puntual.

Bisacodilo.
Glicerol: supositorios de glicerina.
Enemas: son varios componentes asociados con una acción evacuante intensa.

Otros evacuantes: son distintos preparados existentes en el mercado para su administración por vía oral. Por lo general se emplean antes de una prueba diagnóstica (colonoscopia, rectoscopia...), pero ocasionalmente se utilizan como evacuante en casos de estreñimiento muy intenso o grave.